lunes, 28 de diciembre de 2015

ILUSIONES




El niño ya es un hombre 
Ha sobrevivido a la gravedad 
La ironía de la física 
Enemiga de la sinceridad 



Me confieso una completa enamorada de Carlos Ann.

No os preocupéis: lo sabe mi familia. Llevo ya unos quince años enganchada a Ann y me temo que va a seguir siendo así. Amo sus letras, su concepto de la música y de la vida. Su sonrisa.



Fue un honor contar con él en el Número DOS de la revista en papel, es un honor contar con su amistad y será un honor volverlo a ver en directo el próximo 15 de Enero en La Yesería, en Murcia, junto a mi querido Fernando Bazán.

Ilusiones. Esas cosas que nos mantienen en pie.






sábado, 26 de diciembre de 2015

CABALGAR EN LAS ALAS DE LA TORMENTA de Efraín Bartolomé


Efraín Bartolomé ha puesto su vida al servicio de la poesía tal y como lo haría un vates. Si algo define la obra de Efraín es la emoción, pero esta antología que aquí nos trae va más allá de la simple puesta en verso de experiencias vitales.



Reconozco que he lo he leído más veces de lo que pensaba que necesitaría para hacer este epílogo. Y lo hice porque no estamos ante cualquier antología. Una antología de amor, sí, pero no sólo eso: es la exaltación del amor en su sentido más puro, un canto a la mujer y a esa fuerza casi destructora -a veces- que es el amor. No hace falta mucho para defender la poesía de este poeta que entona un canto casi místico, que hace del verso casi carne, una carne que nos parece tocar en cada composición.

Poemas donde la metáfora no falta, pero con la sonoridad y la magnificencia del uso se la palabra correcta. Para Efraín, lo real y lo divino son lo mismo, como cuando cabalga como un potro o reza a sus diosas. Acertado en la estructura de los poemas (y del fondo de cada uno), hay algo que no pone en duda su capacidad creadora: los finales. Es como el aullido del lobo en mitad de la noche, como las paredes de la casa que se desploman de golpe. La rotundidad del Séneca romano o la devoción del Catulo más lesbio: eso es Cabalgar en las alas de la tormenta. ¿Hay mejor presentación de esta antología? Desde el título nos lo deja claro: la tormenta, el ruido, la furia… del amor, que nos lleva como animales salvajes hasta el fuego, la noche, la tierra húmeda.

Frente a la destrucción y el aire sucio, besa. Frente a la sangre agusanada de los corruptos, besa. Su Diosa es jade, es flor, es brillante, es Noche. Las imágenes se convierten en mojones de un camino inexplorable, de un camino que es cielo revolcado pero Tierra, pero Cielo. Y el cuerpo es tan importante como la emoción: la carne se convierte así en el vehículo de ese amor abrasador, de esa vida estallando en el tumbo feliz de la cascada. Porque la unión de esos cuerpos golpeándose en el núcleo del Cuerno de la Abundancia también es amor, y la lengua en la línea ecuatorial, y el recio falo, y la vulva como caldera hiperbórea. Todo eso es también amor.



Cuando uno saborea (y uso este verbo con toda intención buscada) los versos de Efraín, no tiene más remedio que buscar ese licor que otorga las visiones antes del hundimiento, de convertirse en el animal más primitivo para saciar el deseo, de inclinarse como un obediente girasol ante esa luz. En definitiva: de amar.

Todo lo que uno encuentra aquí es pasión: eso es el amor. Un amor que se huele, que se toca, que se lame con tibia lengua, que se abraza con todas las venas del cuerpo. Y Efraín Bartolomé, con la firmeza de alguien que lo ha visto ante sus ojos, con el vigor del crepúsculo y la noche, como un vates, lo sabe. Pruébenlo ustedes y verán que no se equivoca.

Gracias, Efraín.



*Epílogo de CABALGAR EN LAS ALAS DE LA TORMENTA,
 antología de Efraín Bartolomé publicada por la editorial Balduque (2015).



sábado, 19 de diciembre de 2015

Dulce Navidad



Estoy contenta, pa qué mentir.

Ya está aquí esta preciosidad de Efraín Bartolomé editada por Balduque: CABALGAR EN LAS ALAS DE LA TORMENTA, hermoso por dentro y por fuera:



(...) Te vas entonces con la niebla     por las hebras de sol
Desapareces por la hilera de cerros que bajan a Palenque
Hacia los grandes ríos
Hacia la lejanía entrañable de las imágenes.



Y ya se puede leer la primera y segunda entrega de EL HOMBRE SOLITARIO, la entrevista a ROGER WOLFE, donde podéis encontrar un Roger sincero, auténtico. Como él es. ¡Y a punto de salir en edición exenta su AMOR Y MEDIA VUELTA! Estoy emocionada, sí.



EL HOMBRE EQUIVOCADO

Entra corriendo
en la habitación
me clava la mirada
y dice
mientras alza un dedo y lo sacude
delante de mi cara:
«Espero que pagues algún día
por todo lo que me estás haciendo sufrir.
Y espero no estar muerta,
para verlo».
Dios, qué frío hace aquí dentro.
Yo creía
que el infierno
era un sitio caluroso.
Pero ésa
debe de ser
otra de las muchas cosas
en las que estoy equivocado.



Navidad: esas señaladas fechas que a veces amargan, pero esto endulza de verdad. Gracias a los dos.





viernes, 11 de diciembre de 2015

INFIERNO Y NADIE de Antonio Marín Albalate



Atormentado y solo
sufre
el silencio de tus labios.




Anoche no quisimos faltar a la cita en el Café Ficciones de Murcia de la presentación de la antología de Antonio Marín Albalate INFIERNO Y NADIE, que acaba de publicar Unaria Ediciones. Un cariñoso Ángel Paniagua fue el encargado de presentar el acto de Albalate, ese poeta que a veces hemos visto desdoblado en otros nombres, otros poetas.

Cierto es que -dado cómo suceden los días (y a veces las noches)- no he podido más que leer el estudio preliminar de José Luis Abraham López (al que doy desde aquí la enhorabuena por el maravilloso recorrido que hace de la obra de Antonio), sobre el que poco más se puede decir y del que me permito la licencia de citar con un párrafo que resume mucho sobre la poesía de Albalato (como yo lo llamo):

“Si múltiple en los temas (desencanto vital, talante social, erotismo, muerte, metapoesía) otro tanto sucede en los registros. La poesía encierra en sí misma una percepción acústica y un sentimiento. En Antonio Marín la palabra goza de una vida independiente, un sentido y un ser únicos.”

Gracias a Amelia Díez Benlliure por su amabilidad y su esfuerzo -que me consta-, a Unaria Ediciones por el maravilloso trabajo, y sobre todo gracias a Antonio por ser como es, no sólo por el poeta que uno se encuentra en sus libros, sino por todo lo que hace por la literatura, desde hace ya años, concretamente con El Diván.

Si no sabéis qué regalar esta Navidad, os lo recomiendo, ya no sólo porque sea una golosa selección de la obra de Antonio (un recorrido desde 1978 hasta el año pasado, nada más y nada menos), sino porque cuando uno lee a Antonio en cierto modo se reconcilia con la vida. Y con la muerte. Definen su obra palabras como ingenio, sexo, insatisfacción, dolor, Yolanda, ironía, soledad, Panero, poesía, memoria. Y más. Mucho más. 

Un amplio recorrido -desde su APOCALIPSIS EN MÍ MENOR PARA BAJO, A UNA SOLA VOZ hasta el reciente POEMAS DE CUERPO PRESENTE- que no hay que dudar en llevarse a casa para disfrutarlo poco a poco, para sentir la complicidad que Antonio trasmite, sus desdoblamientos, su vitalidad. Y así te leo hoy, Antonio, junto a la chimenea.



SUEÑO EN LA NEGRURA

Abandonado y solo, desterrado del paraíso,
ángel caído, muerdo el polvo del mundo, sintiendo
sobre mí el hundimiento del universo.

Es tan tarde ya en mis ojos, padre mío,
para llorar tanta muerte inútil,
la infancia (perdida) que no tuve,
mi juventud sin apenas sobresalto,
y de aquel amor adolescente su exterminio…

Ah, esta bestia negra que me aniquila
el pensamiento.

Juguetes de las sombras soy.
  


Gracias, Antonio, por ser.







miércoles, 9 de diciembre de 2015

RUAN: CONFESIONES EN EL NO LUGAR de Fernando Bazán


Foto: Cristina Navarro


Dice Fernando Bazán que RUAN es un antifaz tras el que nos ocultamos a diario, el morrión que vestimos en nuestra cofradía. 

Es también RUAN la confesión del no lugar, esos lugares de paso, de tránsito, esos aeropuertos donde hemos pasado horas perdidas, esos centros comerciales anónimos donde paseamos nuestras almas sin mediar palabra. 

RUAN es el hombre que no existió, el hombre sin nombre. O cada uno de nosotros tal vez. Todos nos ocultamos tras una máscara, y en el fondo sentimos miedo, asco, nos mordemos las uñas o somos unos cabrones. Es aquí donde William Martin hace un repaso de sus vivencias, desprovisto de máscara, confesando su intimidad más oculta. Porque todos tenemos ese lado oscuro que ocultamos delante de amigos, compañeros de trabajo, hermanos. Una falsa identidad.

Lo que está claro cuando uno coge RUAN (El Cangrejo Pistolero, 2015) es que Fernando Bazán no es un artista al uso, no es lo típico (como tampoco lo es Antonio García Villarán, que ilustra el libro), y eso nos hace sentir más humanos, más anónimos tal vez. 

Léanlo. Escúchenlo. Como imaginar lo nunca visto.

No tiene desperdicio.







lunes, 7 de diciembre de 2015

Siempre es un buen momento Brines





























TODOS LOS ROSTROS DEL PASADO


Todos los rostros del pasado, difusos, bellos, han venido
con su pureza o su maldad
a liberarme de la tristeza en esta tarde.
Nada remuerde a la conciencia
si llevo la piedad a unos ojos terribles,
o a unas manos que sólo golpearon,
porque así me miren otros, con ojos arrasados, sabiéndome también terrible y violento.
La pequeña emoción que voltean los pechos
a unos los enciende con el gozo
y a otros los condena con dolor profundo,
y el hombre no comprende el designio secreto de su naturaleza.

Todos nos hemos reunido,
algunos todavía con rubor infantil, otros desnudos
y vigorosos debajo de las sábanas,
para mirarnos confiadamente.
Y en la mirada de cada uno reconocemos el bien,
y el mal de cada uno es el que nos transmitimos con ceguedad.
Nos hemos preguntado, y nadie sabe la respuesta,
si es más valiosa una pequeña felicidad que el dolor que encanece los cabellos,
si un nimio desengaño es más valioso que una felicidad enajenada,
porque nunca sabremos por qué la memoria ha sepultado aquel día y ha elegido aquel otro para su salvación.

Pero todos nos hemos reunido,
y también los jóvenes que corrompió la muerte,
para defender cada momento de la vida.
Y unos asienten al presente
porque les permitirá nutrirse de sí mismos, y salvar piadosamente de la muerte a los muertos,
y otros asienten al presente porque es siempre el origen del futuro misterio, de la continuada realidad,
y todos hemos asentido porque el presente es precario como el hombre.
Y hemos aceptado esta dichosa aventura:
oler una flor del campo,
acariciar con temblor un cuerpo amigo,
ver las sombras abatirse diariamente sobre la tierra.

Y tú entre ellos, rostro más delicado que ninguno,
rubor tan encendido que me vuelve inocente,
que ríes como el mundo cuando es feliz,
y miras mi corazón con dos oscuras y suaves violetas alojadas debajo de la luz.
Por ti nos hemos reunido todos con amor,
para que aceptes de mí la ocasión del dolor y la del gozo,
como yo acepto también el dolor renovado que me traigas
o el alto gozo de la contemplación de tu existencia.

                                            

                                                                                 Francisco Brines


miércoles, 2 de diciembre de 2015

ADALBER SALAS HERNÁNDEZ


Adalber Salas Hernández ganaba hace unos meses el XXXVI Premio de Poesía Arcipreste de Hita por su "Salvoconducto" (Pre-Textos, 2015). Varios días antes había contactado yo con él para pedirle colaboración, un poema o dos, si quería. Y a partir de la historia es conocida: publicó en el Número TRES de La Galla Ciencia dos poemas que no dejaron indiferentes (y si no, que le pregunten a Soren Peñalver, que lo adora desde entonces). Y no es para menos.

En nuestras conversaciones sobre poesía -unas por trabajo, otras porque en las cartas al final surgen estas cosas que nos apasionan- íbamos hablando de autores, de libros..., y de repente, un día, como cosa del Destino, la casualidad (términos aparentemente contrarios, sí, pero tan relacionados).

Adalber me decía lo siguiente, tras declararse también un ferviente lector de Álvarez:

Se da entre nosotros una casualidad muy impactante, querida: el amigo de José María Álvarez que murió hace unos años se llamaba Jorge Gustavo Portella y también era amigo mío. Empezamos a tomar café juntos y conversar regularmente cuando yo estudiaba en la universidad –la UCAB, donde él era profesor. En esa universidad leyó Álvarez su poesía, y fue así cómo entré en contacto con su obra.


Una casualidad que no podía interpretarse como tal, y que nos dio pie (y qué hermoso resultó su texto) a que Adalber escribiera sobre Portella, sobre su amistad y su poesía.

En su reciente viaje a España, Adalber tuvo la generosidad de darme ese SALVOCONDUCTO que yo tanto esperaba y que he devorado en este verano de calor sureño, además de su SATURAS y su EXTRANJERO. Una delicia. Léanlo, si pueden. Es de esos poetas que atrapan, que dan hostias con las letras, que te dejan sentado en la silla un rato y pensando en lo que es realmente la poesía. Y no es peloteo..., porque ya me gustaba antes de conocerlo, que conste.

Desde aquí, mis felicitaciones a este poeta venezolano que conquista con sus versos y mi agradecimiento por todo lo que me ha aportado, quizá, sin pretenderlo. Y que siga. Altamente recomendable, ojo.

Dejo aquí dos poemas: Odisea v2.0, publicado en el Número TRES de LGC, y otro de EXTRANJERO, publicado en 2010 por bid&co. editor.



(Odisea v2.0)


Odiseo no volvió a Ítaca, como es bien sabido
por algunos. Se tardó muchos años más de lo que
nos dijeron. Tantos, que hasta los dioses se cansaron de
observarlo y perseguirlo, quedándose dormidos
finalmente, volviéndose piedras, ruinas, piezas de museo.
Cuando regresó, ya no parecía el mismo. No tenía señas
que lo identificaran, no vestía cicatrices que dieran
cuenta de su historia. Tampoco llevaba pasaporte o
cédula de identidad. Más bien parecía un muchacho turco
o un flaco chipriota con apenas algunas canas,
la piel tostada de tanto andar bajo el sol.
Alcanzó la playa luego de que su barco naufragara.
Iba disfrazado de sí mismo, como siempre supo que lo haría.
Pero no halló su palacio, ni pretendientes, ni penélopes hacendosas y
oscuras, ni telémacos barbicortos. Solamente un pueblo
de pocas calles, oprimido por el sol del Mediterráneo.
Nadie lo reconoció, ni él reconoció a nadie. Los perros ladraban
a su paso, le regalaban la lengua descoyuntada de la historia.
Así que decidió navegar hasta el continente. Allí
lo metieron preso por no llevar documentos
y por expresarse en un lenguaje que nadie comprendía, que
sonaba a viejos huesos que se quiebran. Trató de explicar
a los oficiales de policía que viajar
es perder lenguas, no ganarlas, pero fue en vano.
Lo llevaron a un campo para refugiados en Corintio.
No pudo contarle su historia a nadie, no pudo narrar a los otros
presos las historias de sus hazañas: por primera vez estaba desnudo.
Con su conocida maña, logró escapar a los pocos meses, esta vez sin tener
que cegar a nadie. Tras muchas aventuras sin dioses, terminó
en Atenas, donde se dedicó a vivir de limosnas y pequeños robos. El hambre
lo había quebrado, alucinaba ángeles desnudos como el vidrio
o como el agua, ciegos como relojes.
No alcanzó la vejez. Dicen que murió sin decir palabra, pero no
se sabe bien cómo. Algunos creen que fue la falta de alimento. Otros,
que fue asesinado en una disputa entre mendigos. E incluso hay
quienes aseguran que murió, como tantos otros extranjeros,
en los recientes disturbios populares.





no quiero cruzar la próxima esquina

sé que ahí
                a unos pasos
en una espera sin tiempo
me aguarda eso que es más mío
en lugares como éste
                           que no tocan las palabras

esa luz dura
esa nitidez imposible
               que nos salva de lo turbio
                           y nos fulmina



*Para leer el texto sobre Portella, pinchad aquí.


miércoles, 25 de noviembre de 2015

LOS VIVOS ESTAMOS MÁS PODRIDOS



Anoche, en Almería, Mr. Hyde y sus locuras.



Ni yo lo habría dicho mejor. 

Ha empezado. Cuídense*.






Día 1 del apocalipsis zombie



They keep coming back
in a bloodthirsty lust for human flesh
.

Night of the living dead


Ha vuelto para vengarse
aquel montón de carne
que dejamos bajo tierra.
Querían un lugar mejor para sus hijos
y al ver lo que hicimos con su legado,
cansados de revolverse en sus tumbas,
otra cosa no podían hacer
más que resurgir de la tierra
para devorar los cuerpos de los traidores. 

Sabíamos que la guerra, las muertes,
la impiedad y el egoísmo
tenían consecuencias,
pero ninguno nos esperábamos esto.
La guerra civil que no vivimos
ha llegado
más terrible que nunca.
Una plaga dispuesta a eliminar
el tumor maligno que es la humanidad.

Son seres putrefactos,
detritus andantes sin vida,
pero aún así
los vivos estamos más podridos.


                                                      Samuel Jara







*Pero lo pasamos bien, independientemente del fin del mundo.


martes, 17 de noviembre de 2015

VERS LA FLAMME, de Juan Lozano Felices


VERS LA FLAMME

      (ALEGRIA)


Alegría por el sol mojado
sobre el lomo de los delfines.
Por los argonautas que pusieron
nombre a las constelaciones
y por los ojos de los gavieros,
donde desaguan todos los azules.
Alegría por la fruta
que cada estación regresa
y por la tregua vertical
del canto de los pájaros.
Alegría por la explosión
de los salmones en el río
y por el cortejo nupcial
de los ciervos, alegría.
Por los crepúsculos que incendian
 las cúpulas de Venecia
y por la tenue melancolía
 de los tejidos adamascados, alegría.       
Alegría por las distintas gradaciones
 del plumaje de las aves
y  por la música de Mozart
 que hace vibrar el cristal de Bohemia
y por la de Haendel que es todo
 lo que quiero oír esta noche.
Alegría por el nombre de mujer
 que tuvo Aquiles en el gineceo,
por aquellos que frecuentan
el noble arte de la esgrima
y por los días en que algo comienza
 y algo se termina, alegría.
Alegría por las mujeres-mito de Cirlot
 y por su colección de espadas,
por las alegres milicias
de Maryland y de Virginia,
por las batallas ganadas y por las perdidas
y por el general Lee y sus bravos
muchachos de uniforme gris, alegría.
Alegría por la velocidad,
que es hermosa y se basta a sí misma
y que es al hombre lo que el trueno
 a la manada de gacelas.
Alegría por el macguffin de Hitchcock
y por el toque Lubitsch
y por Rosebaud que nunca podrá
 revelar del todo su misterio.
Alegría por los verbos que no soportan
el imperativo y por el momento
en que se cruzan los funiculares, alegría.
Alegría por los jardines  de Villa Borghese
 que nos hacen permeables
a la tragedia de Pauline Bonaparte
porque no pudo dejar de amar.
Alegría por la hermosa cabellera
de Simonetta Vespucci
porque certifica la gravedad
y es contrapeso sensible a la luz.
Alegría por el momento
en que Sherezade comienza a hablar. 
Por La Tempestad de Shakespeare
que es despedida, mito y mascarada.
Por el hogar que se aviva
en Baker Street, cada vez
que abrimos  un libro de Sherlock Holmes,
 y por Vailima y por el viento
en las velas de La Hispaniola, alegría.



Juan Lozano Felices



viernes, 13 de noviembre de 2015

IBA EN SERIO, DE VERDAD



Anoche releía el RETRATOS (CON FLASH) DE JAIME GIL DE BIEDMA de mi querido Villena.

Recordaba cómo adquirí ese ejemplar, cómo me gustó encontrarlo en aquella librería de la Warwick Street en Londres, y luego todos esos recuerdos de un viaje macnífico, de música, alcohol y paseos, de frío, tabaco y Biedma también. Y de pollo frito. Ahí escribí ese poema que tanto te gustó, Burbuja.

Pues -decía- anoche lo releía y veía esas frases que me gusta subrayar en los libros, como aquella “y lanzó una de esas carcajadas desinhibidas que tenían algo de filósofo y un tilín de camionero muy seguro…”, o ese “la vida iba en serio” que Villena pone por cierre a su exquisita (y sobre todo delicada) narración.




Y entonces también vi subrayado ese verso (que comentábamos ayer IC y yo) digno de tatuarse en la piel, y me acordé de las muchas veces que he repartido ese poema entre mis alumnos, y cómo les ha emocionado, fueran o no lectores de poesía. 

Y cómo a Burbuja le emocionó también con quince años alguno que otro de Jaime; y también esa foto caminando con JM que está en blanco y negro, y el afecto con que habla de Biedma pese a las pocas ocasiones en que se vieron, de cuánto apreció su inteligencia y su elegancia. Y también pensé en aquellos marcapáginas con sus versos que repartimos por el instituto, y de la primera o segunda vez que me adentré en Jaime, que me arañó de verdad por dentro. 

Y esa vez, Mr. Hyde, ¿recuerdas?: volvíamos de Budapest y habíamos visto EL CÓNSUL DE SODOMA, y en Roma coincidimos con Jordi Mollá, y yo pensé que me moría de la emoción, como si hubiera visto al mismo Jaime, y Jordi pensó que estaba loca pero dio igual. Era Jaime. 

O cuando JB me enseñó la postal donde Jaime acaricia el hocico de un cervatillo desde la ventanilla de un coche, y me dijo: La guardo como oro en paño porque adoro a Jaime. Y lo quise más por aquello, por la delicadeza con la que sacó la postal de su caja de mudanzas y la puso sobre mi estantería que ya es nuestra.

Y es que Biedma está ahí desde que yo recuerdo, y son tantas las anécdotas en torno a él que podría perderme en una lista de recuerdos ñoños y a veces trágicos sobre él, sobre lo que la figura de Biedma me trae a la memoria. La palabra es araña.

Todo vida.

Porque muy pobre hombre ha de ser uno si no deja en su obra -casi sin darse cuenta- algo de la unidad e interior necesidad de su propio vivir. Al fin y al cabo, un libro de poemas no viene a ser otra cosa que la historia de un hombre que es su autor, pero elevada a un nivel de significación en que la vida de uno es ya la vida de todos los hombres o, por lo menos -atendidas ya las inevitables limitaciones de cada experiencia individual-, de unos cuantos entre ellos*.





Gracias, Jaime.


*Del prólogo de Compañeros de viaje.



sábado, 7 de noviembre de 2015

DECÁLOGO CORRUPTO




DECÁLOGO CORRUPTO



Que los errores se compensan con aciertos.
Que no es tiempo de gestas y victorias.
Que la poesía nace sola y de las tripas.
Que todo es una cuenta atrás acelerada.
Que el miedo se supera, a veces con alcohol.
Que del holocausto habría de salvarse el Arte.
Que en presente el pasado es mejor.
Que de idiotas está el mundo lleno.
Que todo lo que tenemos es una gran mentira.
Que el hombre, al final, muere solo.



martes, 3 de noviembre de 2015

ENTRAN JAZMINES EN CASA (de Pedro Serrano)





Parece ser que en 1526, un fuerte temporal sorprendió a un barco español que navegaba desde La Habana a Cartagena de Indias, pereciendo en el hundimiento toda la tripulación, con la excepción del capitán, Pedro Serrano, que logró llegar a un inhóspito banco de arena sin apenas vegetación y sin fuentes de agua dulce. Lo que siguió al naufragio fue una auténtica odisea, ya que su alimentación era de pájaros y peces, y bebiendo muy a menudo sangre de tortugas marinas como suplemento al agua. Así permaneció los siguientes ocho años. El banco de arena ni siquiera estaba entonces situado en las cartas marinas, por lo que construyó una torre con roca y coral para hacer señales de humo. Finalmente, en 1534, la tripulación de un galeón que iba a La Habana divisó las señales de humo y Pedro fue rescatado. Poco después, consiguió regresar a España para comenzar una nueva vida que le dio fama y dinero y le convirtió en un personaje famoso no sólo en la Corte Española, sino también en el resto de Europa, debido a los muchos viajes que hizo para narrar sus peripecias en las reuniones de la alta sociedad.

Pero ni esas peripecias aparecen aquí, en ENTRAN JAZMINES EN CASA, ni ese Pedro Serrano es el que aquí tenemos esta noche en Zalacaín. De este Pedro no tan marinero –y que seguramente tiene mejor ubicados sus puntos de referencia para no perderse- podría yo decir muchas cosas, y aunque me ha dado libertad de hacer lo que quieras –incluso hablar mal de él, que es lo que realmente espera- no puedo más que elogiarlo por el poemario que aquí nos ha convocado. Entremos en materia.

Si en Tibulo los dos ejes en los que se vertebran los poemas son el amor y el campo, en Pedro Serrano lo que encontramos son el amor y la ciudad. Pero aunque esa parte más urbanita le hace emparentarse más con la elegía de Propercio u Ovidio –que siempre tenían como escenario la ciudad, Roma-, Pedro es un poeta que contempla la ciudad como si del campo se tratara. Otorga a la urbe de un punto bucólico -las luces, la calle, la noche, la gente- como si de un prado se tratara, como si de un bosque o la mar tranquila. No me entiendan mal: no es el pastor que recuerda a la amada rodeado de ovejas; es más bien el poeta contemplativo de las luces de la ciudad, del trasiego de gente que camina por las calles, o los coches pasando, o los horarios marcados. Él contempla en todo momento: no forma parte de ese maremoto de vida que implica la ciudad y el presente agitado. Él prefiere la soledad de su casa, la habitación compartida con la amante o el aliento de la mujer en mitad de la noche cuando todo duerme (en eso sí es tibuliano total). Y el estilo –perdonen que la cabra tire pal monte- también recuerda a Tibulo: ese estilo “tenue”, lleno de lucidez sin grandilocuencia, que convierte lo cotidiano y diario en el escenario perfecto para la vida sublime. Porque así basta. Se trata de un lenguaje íntimo, limpio, de una sobriedad contenida, sin exhibicionismos. Es esa pureza y claridad la que recuerda al latino, como también la economía del lenguaje, con imágenes claras, directas, con una cristalina exposición que emocionan al lector con elegancia, sin apresuramiento. Un ritmo bien marcado no sólo por el estilo y la elección de las palabras, sino porque los temas ayudan precisamente a esa claridad expositiva: el amor como refugio de la vida, esa vida que es una cerilla, una pista de baile donde todo sucede apresuradamente. Y mientras esperamos a que el tiempo pase, ver cómo entran jazmines en casa. Esa es la clave.

Hay una búsqueda del equilibrio (esto también es muy clásico), hay momentos de dolor y de pérdida, hay soledad y noche y desamparo, pero también hay paz, con un gato que contempla el horizonte o un té caliente en esa ciudad diaria. Hay luna y música y recuerdos del pasado, cuando ¿qué había? Hay amantes que se encierran en un mundo inventado, hay mucho tacto y sexo y aromas de cama y aliento caliente y el tiempo que corre alrededor de ellos. Ese fuego que incendia la casa y nos hace vivir calcinados en un mundo cotidiano. Pero también encontramos en este libro la madurez de un poeta, la búsqueda de un lugar crónico sobre todos los lugares, un mar tranquilo donde vivir sin contratiempos.

Pareciera si echamos un vistazo rápido que Pedro Serrano –o mejor dicho, el poeta que escribe ENTRAN JAZMINES EN CASA- se contentara con poco, con lo justo, sin buscar más allá. Pero todo lo contrario: al final, para cada uno de nosotros, que vivimos en esa ciudad que Serrano nos describe, que calentamos el té y se nos enfría sin darnos cuenta, que tenemos un gato (o tres perros en mi caso) que nos extiende el lomo para acariciarlo quizá eso sea suficiente. Y nos basta.


Gracias, Pedro.






ÚLTIMO

El cazador se coloca
frente a la mosca que sigue
quieta en el parqué,
tensa las patas y se queda
petrificado antes de saltar.
Se impulsa para capturar
al insecto, y este toma altura
volando hasta las nubes.
Ha pagado sin premio
la ingenuidad de atrapar rápidamente
lo que no se tiene, alas.



*No os perdáis la fiesta de aniversario de FRUTOS DEL TIEMPO. Será el próximo 6 de Noviembre en Elche, a las 20.30 h.







domingo, 1 de noviembre de 2015

ÍTACA, de Vicente Fernández González


El Egeo, el Jonio, Creta abajo, la Arcadia feliz, la punta de la bota y Mesina. Escila, Caribdis. Oh, el Etna poderoso. Las Cícladas, las regiones de Tracia, Naxos y Ariadna. Arriba, lejos, Brindisi. Ovidio aquí aún no está en Tómos. Los muros de Micenas. Todo cuanto hemos sido. Y pequeña, en el centro, Ítaca.

Ítaca. Ítaca. Como un eco.

¿Puede haber algo más hermoso que esto que recibo hace unos días en casa? Como Ulises, este libro viaja hasta mis manos discreto, inconsciente de lo que oculta. Y al abrir el sobre entonces siento, como dice el autor en su prólogo, que es un viaje de ida. Jamás de regreso. Todo siempre es un viaje de ida. 

Una joya, oigan. Esa Ítaca de Kavafis, ahora traducida por Vicente Fernández González, ilustrada por Federico Delicado (recuerden: omen, nomen), y en una cuidada edición de Nórdica Libros. ¿Se puede pedir más?

Me he enamorado como hacía tiempo no me pasaba. Gracias. 

Es una auténtica delicia.









martes, 27 de octubre de 2015

DE TUMBAS POR PARÍS



Lejos de las sepulturas célebres, camino de un cementerio aislado, 
mi corazón, como un tambor cubierto de crespones, 
va redoblando una marcha fúnebre.

Baudelaire



He estado cuatro veces en París, y en cada viaje una de mis obsesiones ha sido pasear por sus cementerios. Claro: la ciudad es propicia siempre para largas caminatas, como uno de nuestros últimos paseos, J y JM, hasta ese Balzac que mira desde lo alto... Pero ¿y esos cementerios? Esas esculturas, esos largos pasillos, esa vegetación... Ese olor a cementerio, esa luz. El silencio.

He de reconocer que siento predilección por los cementerios de París (y conozco unos cuantos). No quiero olvidar tampoco el de Budapest -¿hay algo que no sea hermoso en esa ciudad, Mr. Hyde?-, que me fascinó desde su misma entrada, con aquellos árboles creando un pasillo macnífico que daban la bienvenida a todo el que se adentraba en su laberíntica estructura. Pero París... Oh, París. París es otra cosa.

Si visitan la ciudad, no descarten una ruta por el Montparnasse, el Montmartre o el Pére Lachaise. Cojan un libro; siéntense cerca de una tumba hermosa. Escuchen el silencio.